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José Luis Cuéllar de Dios – La Luz del Mundo -
La Luz del Mundo
José Luis Cuéllar de Dios
El Occidental
5 de septiembre de 2008
En días pasados se reunieron un grupo de empresarios, líderes empresariales y líderes religiosos con la finalidad de opinar acerca del tema de la Reforma Electoral que tanta tinta y saliva ha gastado en los medios de comunicación: el punto central de la discusión es el desorbitado aumento de presupuesto a los partidos. Al margen del motivo de dicha reunión se rescata, según lo asentado en uno de los medios escritos de la localidad, la presencia en “el cónclave” de un representante de la Iglesia de La Luz del Mundo -Iglesia, del griego Ekklesia: congregación- comunidad cuya principal sede se encuentra, desde hace décadas, precisamente en nuestra ciudad y que año con año reúne a miles de fieles para las celebraciones propias de sus creencias.
El hecho tiene una enorme importancia si se le analiza desde el punto de vista de la tan deseada y benéfica tolerancia y del respeto que toda sociedad debe practicar. Creer en la utilidad de la tolerancia y en su poder “trasmitivo” hacia la práctica de culturas verdaderamente solidarias es ascender en la escala de valores humanos. Vivir afines a la sinceridad de beneficios comunes es vivir en un estado de madurez social.
No son pocas las ocasiones en las que he escuchado denuestos y descalificaciones hacia esta comunidad, denuestos y descalificaciones basados en presunciones absurdas y sin sustento, en atavismos arcaicos, posturas discriminatorias que tienen su origen en prejuicios ancestrales y que cuando son expresados manifiestan, en toda su crudeza, la vergüenza de pertenecer a la especie humana, o dicho del lado opuesto, actitudes que sacan a relucir nuestra naturaleza animal.
El ejemplo de esta apertura, de esta tolerancia, de este respeto no es para permanecer indiferentes a él, es para tomarlo y por lo pronto aplicarlo en nuestro entorno íntimo, cercano y cotidiano. El sincero respeto a las diferencias entre seres humanos, cualquiera que sea su tipo, se convierte en una especie de “bálsamo social” que atenúa los dolorosos problemas que aquejan a nuestra comunidad: desempleo, inseguridad, violencia, drogadicción, pobreza y otros jinetes apocalípticos que cabalgan con inusitada furia. Eliminar la terrible cultura de la discriminación es abrir las puertas, de par en par, a la concordia; si las posiciones radicales en los temas comunes a la vida en sociedad son los que gobiernan la vida de nuestra comunidad, ésta nunca aspirará a mejores estadios. Dígase lo que se diga, los habitantes de la comunidad local pertenecientes a la Iglesia de La Luz del Mundo trabajan y viven con esmero, seriedad y congruencia. No han sido pocos los ataques que han recibido a lo largo de su crecimiento, ataques a los que han contestado con madurez, tolerancia y prudencia. Hasta lo que sabemos -algunos ejemplos concretos conocemos-, se trata de una comunidad ejemplar social y humanamente hablando. Éste ha sido un trabajo seguramente arduo, nada fácil y en ocasiones doloroso, sobre todo tomando en cuenta aquellas épocas en las se les veía como seres extraños a los que no se les aceptaba en el mosaico social.
El término “religioso”, en muchos casos y en no pocas ocasiones se ha prestado, desafortunadamente, con todas sus terribles consecuencias para hacerlo sinónimo de fanatismo e irracionalidad, es el momento de afirmar que la discriminación es la práctica de una moral inhumana, como también es momento de citar a la formidable Susan Sontag: “Juzgar es el mayor crimen”.
El ejemplo que ha servido de tema a esta colaboración, aunque es un avance, dista de ser suficiente, se trata de un suceso alentador en materia, sobre todo, de armonía y convivencia social. Si bien hay mucho camino por recorrer, también es cierto que todo largo camino empieza con un primer paso. Por lo pronto, el hecho es un fogonazo de esperanza de que vengan mejores tiempos.
Nota: Quien posee tolerancia y respeto, tiene religión; quien no posee ni una ni otra tenga religión: por aquello de que el representante de La Luz del Mundo no haya asistido a dicho evento. Por cierto, soy católico. Amén de los amenes.





