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Internacionales
Clausuraron templo de la Iglesia La Luz del Mundo en Vallarta
El Occidental
25 de julio de 2008
Rodolfo Chávez Calderón
Puerto Vallarta, Jalisco.- Con todo y feligreses dentro, autoridades de Puerto Vallarta “clausuraron” un templo de la Iglesia La Luz del Mundo, en la colonia Buenos Aires.
El responsable fue Erick Basilio Robles, inspector de obras de Vallarta, quien procedió a colocar los sellos en el santuario de esta asociación religiosa.
Denuncia la Iglesia de La Luz del Mundo en Puerto Vallarta, los abusos cometidos por un inspector de obras del municipio, identificado como Erick Basilio Robles, quien se presentó para colocar los sellos cuando se encontraban celebrando el culto en el Santuario de la colonia Buenos Aires, en Puerto Vallarta. Procedió a la clausura sin importar que dentro hubiera mujeres, niños, ancianos e incluso bebés.
El funcionario municipal, a eso de las nueve de la noche colocó los sellos y se retiró, dejando privados de su libertad a los feligreses que se hallaban en el templo. Estos no hicieron lo posible por salir debido a que temían ser acusados de quebrantación de sellos, y permanecieron encerrados por más de 55 minutos.
Fue hasta que se presentó el arquitecto director de obras municipales, quien retiró los sellos y prometió a los feligreses que se solicitaría al personal del ayuntamiento, a las altas autoridades, que impusieran una sanción al funcionario municipal causante de lo ocurrido, considerado un abuso flagrante y una violación a la libertad de culto.
Informaron que anteriormente se han tenido clausuras del lugar a consecuencia de quejas provenientes de personas que no están de acuerdo con que opere en esa zona la Iglesia, pero la institución religiosa siempre ha cumplido con los requisitos de obra y de operación que impone la liberación de permisos.
Los feligreses señalaron que acudirían a las autoridades competentes para denunciar lo ocurrido, ya que a pesar de que avisaron a medios de comunicación y a autoridades estatales que nunca se presentaron.
José Luis Cuéllar de Dios – La Luz del Mundo -
La Luz del Mundo
José Luis Cuéllar de Dios
El Occidental
5 de septiembre de 2008
En días pasados se reunieron un grupo de empresarios, líderes empresariales y líderes religiosos con la finalidad de opinar acerca del tema de la Reforma Electoral que tanta tinta y saliva ha gastado en los medios de comunicación: el punto central de la discusión es el desorbitado aumento de presupuesto a los partidos. Al margen del motivo de dicha reunión se rescata, según lo asentado en uno de los medios escritos de la localidad, la presencia en “el cónclave” de un representante de la Iglesia de La Luz del Mundo -Iglesia, del griego Ekklesia: congregación- comunidad cuya principal sede se encuentra, desde hace décadas, precisamente en nuestra ciudad y que año con año reúne a miles de fieles para las celebraciones propias de sus creencias.
El hecho tiene una enorme importancia si se le analiza desde el punto de vista de la tan deseada y benéfica tolerancia y del respeto que toda sociedad debe practicar. Creer en la utilidad de la tolerancia y en su poder “trasmitivo” hacia la práctica de culturas verdaderamente solidarias es ascender en la escala de valores humanos. Vivir afines a la sinceridad de beneficios comunes es vivir en un estado de madurez social.
No son pocas las ocasiones en las que he escuchado denuestos y descalificaciones hacia esta comunidad, denuestos y descalificaciones basados en presunciones absurdas y sin sustento, en atavismos arcaicos, posturas discriminatorias que tienen su origen en prejuicios ancestrales y que cuando son expresados manifiestan, en toda su crudeza, la vergüenza de pertenecer a la especie humana, o dicho del lado opuesto, actitudes que sacan a relucir nuestra naturaleza animal.
El ejemplo de esta apertura, de esta tolerancia, de este respeto no es para permanecer indiferentes a él, es para tomarlo y por lo pronto aplicarlo en nuestro entorno íntimo, cercano y cotidiano. El sincero respeto a las diferencias entre seres humanos, cualquiera que sea su tipo, se convierte en una especie de “bálsamo social” que atenúa los dolorosos problemas que aquejan a nuestra comunidad: desempleo, inseguridad, violencia, drogadicción, pobreza y otros jinetes apocalípticos que cabalgan con inusitada furia. Eliminar la terrible cultura de la discriminación es abrir las puertas, de par en par, a la concordia; si las posiciones radicales en los temas comunes a la vida en sociedad son los que gobiernan la vida de nuestra comunidad, ésta nunca aspirará a mejores estadios. Dígase lo que se diga, los habitantes de la comunidad local pertenecientes a la Iglesia de La Luz del Mundo trabajan y viven con esmero, seriedad y congruencia. No han sido pocos los ataques que han recibido a lo largo de su crecimiento, ataques a los que han contestado con madurez, tolerancia y prudencia. Hasta lo que sabemos -algunos ejemplos concretos conocemos-, se trata de una comunidad ejemplar social y humanamente hablando. Éste ha sido un trabajo seguramente arduo, nada fácil y en ocasiones doloroso, sobre todo tomando en cuenta aquellas épocas en las se les veía como seres extraños a los que no se les aceptaba en el mosaico social.
El término “religioso”, en muchos casos y en no pocas ocasiones se ha prestado, desafortunadamente, con todas sus terribles consecuencias para hacerlo sinónimo de fanatismo e irracionalidad, es el momento de afirmar que la discriminación es la práctica de una moral inhumana, como también es momento de citar a la formidable Susan Sontag: “Juzgar es el mayor crimen”.
El ejemplo que ha servido de tema a esta colaboración, aunque es un avance, dista de ser suficiente, se trata de un suceso alentador en materia, sobre todo, de armonía y convivencia social. Si bien hay mucho camino por recorrer, también es cierto que todo largo camino empieza con un primer paso. Por lo pronto, el hecho es un fogonazo de esperanza de que vengan mejores tiempos.
Nota: Quien posee tolerancia y respeto, tiene religión; quien no posee ni una ni otra tenga religión: por aquello de que el representante de La Luz del Mundo no haya asistido a dicho evento. Por cierto, soy católico. Amén de los amenes.
El Mundo de La Luz
Guadalajara, Jal., México. Agosto 22, 2008.
Por: José María Muriâ
No hace mucho me hicieron favor de darme la cifra de más de mil 500 templos dentro de nuestro País y otro tanto más allá de nuestras fronteras, aunque supongo que esta información es como la del censo que, cuando se publica ya está atrasada y los números ya son mayores.
Su celebración más importante dura varios días, aunque llega a su cúspide el 14 de agosto: la Santa Cena, en la que los fieles comparten la sal y el pan juntos, aunque, como es natural, no todos en el mismo lugar.
Muchos de ellos -varios cientos de miles- vienen a Guadalajara, pero la mayoría se quedan en sus pagos. De cualquier manera, vale constatar que, no hace muchos años, todos eran recibidos en la misma Hermosa Provincia, en torno a la enorme casa de oración que diseñara el arquitecto Leopoldo Fernández Font, con capacidad para 12 mil personas sentadas, y que, mutatis mutandi han emulado en otros lugares. Puerto Vallarta es un ejemplo.
Este año, sin embargo, el éxito de la convocatoria superó con creces la de celebraciones anteriores. Parece ser que la capacidad de respuesta de la organización a las necesidades de sus fieles ha coadyuvado a que el número de éstos haya aumentado muy significativamente en los últimos años. La pasada Cena, pues, hubo de hacerse en cuatro de las colonias tapatías que han llegado a establecer ya sus seguidores.
Dicho en términos estrictos, aquella pequeña comunidad vituperada, motivo de escarnio y difamación, acosada y maltratada, se ha convertido en menos de ocho décadas en una verdadera y poderosa transnacional, lo cual, como jalisciense, no deja de causarme una fuerte satisfacción. Independientemente de la proyección de nuestra ciudad por una cuarentena de países, todo el proceso representa también una enorme derrama económica.
Es cierto que los visitantes gastan poco, pues en general son gente modesta y, además, muchos son recibidos en casas de correligionarios locales, pero de cualquier manera, quienes gustan de pensar preferentemente en los pesos y los centavos -mal le pese a su credo o condición- habrán de reconocer que la suma dejada en esta ocasión o en otras festividades como el 14 de febrero, cuando el Hermano Samuel Joaquín cumple años, no es por ningún motivo despreciable. Independientemente que la tolerancia de credos que prevalece en nuestras leyes, aunque no falte quien pretenda echarla por la borda, obliga al “respeto al derecho ajeno”, sobre todo en su manera de pensar, lo cierto es que La Luz del Mundo se ha ido ganado la consideración social y hasta una fuerte admiración, incluso por parte de gente que no comparte su credo. La amplia cobertura de los medios de comunicación y el tono respetuoso utilizado por casi todos, es una muestra palpable de ello.
A veces la personal apreciación resulta engañosa, pero tengo la sensación de que nunca antes habían sido tan bien tratados por los medios de comunicación masiva, en especial por la televisión.
No han faltado algunos comentaristas de radio que, mal sirviendo no sé a quién, han hecho gala de una cierta sorna, pero han sido muy pocos y, en más de algún caso han recibido algún soplamoco de radioescuchas amantes de la ecuanimidad y el respeto.
Ojalá que ello sea una muestra de que estamos aprendiendo a “vivir en democracia” y a tomar más en consideración “al otro”, en vez de las deplorables muestras de inmadura intolerancia de diferentes bandos de que fuimos capaces antaño. Ello constituirá un buen principio para ir forjando juntos una sociedad mejor.
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